martes, 19 de abril de 2016

Mamá Pata y sus paticos en ...bicicleta

Una cosa es uno decir a boca llena que muy bueno que en estos países civilizados las bicicletas estén por todas partes, y otra es estar viendo a un hijo de uno culebreando de manera inexperta entre los carros sin infartarse. Para moverse en bicicleta aquí no es suficiente con saber montar, hay cosas culturales a las que uno no está acostumbrado ni siquiera yendo a pie: que el peatón camine sin pensar en los carros que frenan y lo respetan. Yo misma, a mis años, todavía me detengo al cruzar una calle el primer día de estar en uno de estos países del primer mundo. 

Para todos es una novedad usar el medio de transporte más amable que existe: para los niños porque yo se la emoción que se siente al correr e imaginar que se puede volar en la bici, fantaseando con carreras y travesías. Para nosotros porque nos sentimos felices haciendo algo tan natural y sutil como puede ser para una familia de patos, caminar con sus chiquitines.

Creí al principio que sola no iba a ser capaz de salir con ellos; me lo dije a mi misma, me ganaron los nervios. Al primer día salimos todos juntos pero al segundo ellos quisieron salir conmigo, se sintieron seguros y fue así como me tocó tragarme los nervios, echarme la bendición y salir. ¿Dónde hacerse? A la cabeza de grupo no los vería; de última no veo lo que hace el primero; tocó en la mitad, dirigiendo al de la delantera y dándole miradas al de atrás. 

Fue un aprendizaje, especialmente para mí: el miedo no puede ser el que mande en la vida, ¡ni riesgos! Es duro sentirse responsable, no sólo por uno mismo sino también por otros dos que son lo que uno más quiere en la vida. Al principio quedaba molida, no de las piernas por pedalear sino por hacer fuerza por ellos. Las mamás tenemos la obligación de alentar a los hijos, darles seguridad para hacer las cosas, pero debemos padecer lo que todo el proceso acarrea.¡Pobrecitas! somos dando ánimos muy tranquilas y por detrás fruncidas, cruzando los dedos y rezando.

Ya salimos casi todos los días, por la calle, con carros, motos e incluso camiones pasándonos al lado como si nada pasara. Y por fortuna, nada pasa.

lunes, 18 de abril de 2016

Pueblo chiquito...Paraíso grande!!!

Conocía sobre este país lo que la gente promedio ha visto: los suecos, lo quesos, los tulipanes, los pintores famosos, los canales, los molinos, la cerámica blanca con azulito, la gente muy mona de cachetes colorados, los disfraces de niña holandesa con cofia blanca... Confieso que ni siquiera sé porqué le dicen la naranja mecánica a su equipo de fútbol, pero no debe ser por la línea anaranjada que pude ver por la ventana del avión al despertar en medio de una siesta viniendo de Madrid. ¿Qué era ese color en el cielo que nos recibía? Era como si quien nos esperaba abajo hubiera extendido una bandera con una única franja naranja sobre el horizonte y ésta no se acabara nunca. Peleando con el sueño de día y medio de viaje, me forcé a quedarme mirando hasta que poco a poco la oscuridad lo fue extinguiendo y pude dormirme de nuevo, esta vez extasiada.


Llegamos por fin, y la felicidad del reencuentro aplazó la ansiedad por ver y conocer. Nos pasó lo que me pasaba a mí chiquita cuando íbamos a una finca de noche: tuvimos que esperar hasta el otro día para poder ver algo que no fueran carros y luces de casas perfectamente alineadas. Eso tiene su encanto porque crea aún mas expectativa. Despertamos y andando en bicicleta sentimos que el aire que había afuera era fresco y el agua realmente se mete por todos los rincones compitiendo con trozos de tierra de todos los tamaños; hay miles de flores (no solo tulipanes) que están sembradas por todas partes y simulan las olas del mar en muchos colores; que en nuestro pueblo hay ovejas, cabras, caballos en granjas incrustadas entre las casas; en los canales viven patos, cisnes, gaviotas y garzas;  y si uno mira las partes donde hay arena en vez de tierra, entiende porque este país está hecho ganándole una batalla con el mar: se ven conchitas y caracoles.

Conozco muy poco, la verdad; este es un país pequeño, pero tiene cualidades que lo hacen inmenso.

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