lunes, 23 de mayo de 2016

Bélgica

Los atentados de Bruselas pasaron exactamente 8 días antes de nuestro viaje. Obviamente estas cosas conmueven, da mucho dolor ver gente sufrir sólo porque a unos locos extremistas llenos de odio les provoque acabar con todo. ¿Que si da cosita sabiendo que uno viene para esta parte de Europa y va a visitar sitios muy turísticos? mmm, si. Primero tenía susto de que a H estando aquí le pasara algo; después, obviamente empecé a pensar cosas trágicas como que este sueño del viaje terminara siendo una pesadilla, y cosas horribles que yo suelo pensar. Aquí mi mamá estará diciendo: ¿Por qué pensás cosas tan horribles? No se, he sido siempre así y cuando uno tiene hijos se llena de miedo, así antes de ellos fuera muy valiente (que de todas formas no es mi caso).

Llegamos y como vivimos en un pueblo muy chiquito, el susto se disipó, pero ir a Amsterdam y estar en medio de ríos de turistas me daba medio cosita. Después quisimos ir a Bélgica y ya había pasado más tiempo entonces no se me dio nada. Fuimos primero a Amberes, dormimos ahí una noche felices. Al otro día seguimos para Gante con la idea de dormir ahí y seguir para Brujas al otro día, pero como el clima estaba hermoso y era puente no había ni una sola cama disponible y nos recomendaron irnos a dormir a Bruselas. Eso hicimos y fue muy lindo ver como estaba llena de gente, es una ciudad hermosa y estar allá era como decirle a los belgas: aquí estamos, no están solos, como si la vida nos hubiera puesto ese lugar en el camino (pues no pensábamos ir allá, no por miedo sino por tiempo) para demostrarle a los malos que, como dice un cliché colombiano que me gusta "los buenos somos más".

Algunas foticos de Bélgica. Estos han sido los días mas calientes que hemos tenido pues inexplicablemente, volvió el frío.



H y los chicos buscando el norte

¡Disparen!(la cámara)



Una iglesia con cara de castillo en Bruselas

En la plaza en Amberes



viernes, 20 de mayo de 2016

Cinco mitos sobre Europa

Aquí están cinco mitos que yo he oído sobre Europa y su gente, y que en los viajes he tenido oportunidad de desmentir. Son bobadas, nada profundo, pero pueden servirle a alguien o al menos hacerlos reír;) 


1. Muchos países de Europa son diminutos. "Uno pone un pie en Bélgica y otro en Holanda en una hora". ¡Jua! grave error que las clases de geografía nos dejaron en la cabeza. Llega uno todo montañero creyendo eso y empieza a ver campos, pueblos, ciudades, islas, playas enormes y no entiende muy bien el mapa. Holanda no es diminuto; bueno, no es gigante, pero tiene una extensión considerable. Uno va en el tren y así vaya muy rápido se demora bastante para ir de un lugar a otro relativamente cercano. He manejado por autopistas gigantes y sin salir de Holanda, yendo a sitios no muy lejos en el mapa y siempre es buen rato al volante.


2. El frío en Europa es solo en invierno.  Cuando les digan que aquí en primavera y otoño hace "el mismo frío que en Bogotá", ¡no lo crean! Aquí el frío es duro, seco, fuerte; es un frío que el cuerpo de nosotros no reconoce. Eso de traer "un saquito por si enfría por la noche" es mentira: uno vive congelado y si se deja enfriar no pasa bueno; además, tener que salir a comprar cosas para el frío de afán no es lo ideal. Es muy buena idea vestirse por capas, con cosas que se puedan ir quitando en lugares cerrados o si sorprende un solazo de repente. A veces el verano no es realmente caliente hasta julio y hay lugares al norte (como en Holanda) donde no conocen el concepto de bochorno pues  realmente nunca llega a calentar tanto.

3. En Europa todo es carísimo. No necesariamente, hay que saber comprar. Pensar los precios en pesos colombianos (con calculadora mental) no puede volverse una costumbre cuando uno compra. Se puede comer muy bien por poca plata, la comida es de una calidad superior a la que uno puede encontrar en Colombia. No porque un sánduche sea barato, el jamón es malo o tiene poquito queso, como en ciertas culturas de avispados que conocemos; no,  aquí los ingredientes son siempre ricos, así sea en un chucito de la esquina. Las cosas de marcas famosas son caras, pero algunas veces alcanzables; hay descuentos que valen mucho la pena, lugares interesantes con cara de nada, en fin, es de aprender. Yo busco unos almacenes de ropa que tienen las chinas, donde encuentro cosas hermosas marca gato a precios muy buenos; hay almacenes de cosas sencillas, no muy finas pero a precios muy buenos (Muji, Hema, Tiger) en los que uno encuentra la forma de suplir una necesidad básica sin tener que gastar mucho.Los souvenirs son caros dependiendo de donde se compren; hay tiendas de museos con cosas maravillosas y a buenos precios. Eso si, los valientes que compran ropa usada llegan al paraíso: hay tiendas por todas partes, unas pinchadas en locales grandes, otros ponen morros de ropa en un trapo, en mercados de las pulgas, donde sea. Esa idea de vestirse con cosas que fueron de otros cuerpos desconocidos les mata a muchos pero a mi me da una cosa....

4. Los europeos huelen horrible. Nosotros somos una sociedad muy aseada, eso no lo niega nadie (¡y para mi gusto, siquiera!) pero decir que aquí la gente huele horrible es algo injusto y exagerado. En Holanda me ha pasado algo muy particular: pasan por mi lado grupos de gente que dejan un aroma a jabón y limpieza. Me ha pasado dos veces con grupos de ciclistas entrenando; la segunda de esas veces H también lo sintió, así que no es cosa mía. Conclusión: los holandeses son gente limpia. Que no se bañen a diario, que se laven la cara y con un trapito se restrieguen lo necesario, que no usen casi seda dental, que se laven poco los dientes (los odontólogos holandeses afirman que con dos lavadas al día es suficiente) son costumbres de cada cultura, pero eso de que la gente huele horrible no es tan cierto. Fuman mucho eso si, en lo que yo he visitado de Europa fuman desde muy jóvenes, y los fumadores (en cualquier lugar del mundo) no son la gente que mejor huele. La ropa, el pelo, las manos impregnadas de tabaco no le ayudan a nadie. Además, un abrigo de invierno es una prenda que no se lava y en general la ropa no se lava tan frecuentemente como lo hacemos nosotros ( que nos pasamos a veces) así que yo creo que la gente aquí - en general, hay excepciones- huele normal.Será que habrá que ir mas lejos, pero yo a los de por acá los defiendo.

5. La gente en Europa es seca, está cada uno en lo suyo y no son amables. Falso de toda falsedad, como dice el dicho. Afortunadamente en todas partes hay de todo pero en general la gente querida abunda. Si uno pregunta por una dirección, si pide que le tomen una foto, si va encartado o se le cae algo, si lo ven con los niños medio ofuscado, en fin. Los holandeses son educados, miran y sonríen, ofrecen ayuda, le dan a uno el puesto en la fila del mercado si lo que va a pagar es poquito, ceden el paso, entre otras. Fui a comprar frutas y cogí unas cerezas; las fui a pagar y me dice el muchacho: "Están empezando a llegar de temporada y todavía son muy caras, después bajan de precio¿si las quiere llevar?". Otro día en la caja del mercado me piden tarjeta de cliente frecuente; digo que no tengo y dice la cajera: tranquila, yo le paso la mía para que tenga descuento. ¿Ah? La gente al bajarse del bus le dice desde la puerta de atrás adiós al chofer (Gregorio es matado haciéndolo y cuando se nos olvida, se siente mal).




miércoles, 4 de mayo de 2016

Amsterdam

Como el clima mejoró muchísimo, esta semana empezamos a ir a Amsterdam solos, sin H, por nuestra cuenta. Desde la primera vez que fuimos supimos que nos encantaba y ya hemos aprendido muchas cosas sobre la ciudad; vamos en bus 20 minutos a una estación grande porque desde el pueblito no es posible ir directamente, y allá cogemos tren por 20 minutos más. Al llegar, desde la estación central de Amsterdam se ven los ríos de turistas: es el destino más visitado de Holanda; lo tiene bien merecido porque es de una belleza y una disposición urbana increíble, pero hay también temas alternos como la famosa zona roja (que en mi opinión, lo único que da es pesar, de lo decadente que es en pleno siglo XXI ) y la marihuana legal que se convierten en un atractivo adicional para otros que no están en el plan nuestro.

Al llegar a Amsterdam el lunes, caminamos hasta el zoológico por una hora, en parte por conocer más a pie y en parte por desconocer las rutas del tranvía. En el centro, hacia ese lado de la ciudad es inevitable pasar por la zona roja, que no es algo sórdido ni tan intimidante como yo me imaginaba. Hay una serie de vitrinas de metro cuadrado con una cortina que la señora (no vi una sola de menos de 45) corre de tanto en tanto y mira hacia afuera a ver quien pasa. Están en medio de edificios, bares, donde uno menos lo espera. Yo, que no le veo misterio a la forma en que se les dicen las cosas a los niños, les expliqué  que esas señoras se ponían en esas diminutas vitrinas en ropa interior para que las vieran y le dieran plata. Mis hijos, que son tan tranquilos para recibir la información, ni se interesaron por el tema y prefirieron mirar los canales,  los edificios y seguir su camino. El zoológico es maravilloso, toda una manzana llena de animales, buenas cafeterías, vivarios, salas, acuarios, afiches con información en inglés y muy buen ambiente familiar. Regresamos a la estación en tranvía, muy pinchados porque aprendimos donde cogerlo y el número indicado.

Al segundo día fuimos al museo de Van Gogh, en tranvía, que es delicioso porque va despacio y uno va viendo, sin tener que caminar distancias tan largas. La plaza donde está el museo se llama Museumplein y es enorme, con varios museos: Van Gogh, Moco, Stedelijk y Rijkmuseum que es el más grande de Holanda. Entrar al museo de Van Gogh fue muy bonito pues yo le tengo un cariño especial a ese pintor que descubrí en mi adolescencia y los niños mostraban mucha curiosidad por él (el dato de la cortad de oreja ayuda :). Estuvieron muy hermosos, con sus audífonos de la audio guía mirando los cuadros y oyendo la información, revoloteando por todas las salas y acosándome para que yo viera lo que ya ellos habían visto.








martes, 19 de abril de 2016

Mamá Pata y sus paticos en ...bicicleta

Una cosa es uno decir a boca llena que muy bueno que en estos países civilizados las bicicletas estén por todas partes, y otra es estar viendo a un hijo de uno culebreando de manera inexperta entre los carros sin infartarse. Para moverse en bicicleta aquí no es suficiente con saber montar, hay cosas culturales a las que uno no está acostumbrado ni siquiera yendo a pie: que el peatón camine sin pensar en los carros que frenan y lo respetan. Yo misma, a mis años, todavía me detengo al cruzar una calle el primer día de estar en uno de estos países del primer mundo. 

Para todos es una novedad usar el medio de transporte más amable que existe: para los niños porque yo se la emoción que se siente al correr e imaginar que se puede volar en la bici, fantaseando con carreras y travesías. Para nosotros porque nos sentimos felices haciendo algo tan natural y sutil como puede ser para una familia de patos, caminar con sus chiquitines.

Creí al principio que sola no iba a ser capaz de salir con ellos; me lo dije a mi misma, me ganaron los nervios. Al primer día salimos todos juntos pero al segundo ellos quisieron salir conmigo, se sintieron seguros y fue así como me tocó tragarme los nervios, echarme la bendición y salir. ¿Dónde hacerse? A la cabeza de grupo no los vería; de última no veo lo que hace el primero; tocó en la mitad, dirigiendo al de la delantera y dándole miradas al de atrás. 

Fue un aprendizaje, especialmente para mí: el miedo no puede ser el que mande en la vida, ¡ni riesgos! Es duro sentirse responsable, no sólo por uno mismo sino también por otros dos que son lo que uno más quiere en la vida. Al principio quedaba molida, no de las piernas por pedalear sino por hacer fuerza por ellos. Las mamás tenemos la obligación de alentar a los hijos, darles seguridad para hacer las cosas, pero debemos padecer lo que todo el proceso acarrea.¡Pobrecitas! somos dando ánimos muy tranquilas y por detrás fruncidas, cruzando los dedos y rezando.

Ya salimos casi todos los días, por la calle, con carros, motos e incluso camiones pasándonos al lado como si nada pasara. Y por fortuna, nada pasa.

lunes, 18 de abril de 2016

Pueblo chiquito...Paraíso grande!!!

Conocía sobre este país lo que la gente promedio ha visto: los suecos, lo quesos, los tulipanes, los pintores famosos, los canales, los molinos, la cerámica blanca con azulito, la gente muy mona de cachetes colorados, los disfraces de niña holandesa con cofia blanca... Confieso que ni siquiera sé porqué le dicen la naranja mecánica a su equipo de fútbol, pero no debe ser por la línea anaranjada que pude ver por la ventana del avión al despertar en medio de una siesta viniendo de Madrid. ¿Qué era ese color en el cielo que nos recibía? Era como si quien nos esperaba abajo hubiera extendido una bandera con una única franja naranja sobre el horizonte y ésta no se acabara nunca. Peleando con el sueño de día y medio de viaje, me forcé a quedarme mirando hasta que poco a poco la oscuridad lo fue extinguiendo y pude dormirme de nuevo, esta vez extasiada.


Llegamos por fin, y la felicidad del reencuentro aplazó la ansiedad por ver y conocer. Nos pasó lo que me pasaba a mí chiquita cuando íbamos a una finca de noche: tuvimos que esperar hasta el otro día para poder ver algo que no fueran carros y luces de casas perfectamente alineadas. Eso tiene su encanto porque crea aún mas expectativa. Despertamos y andando en bicicleta sentimos que el aire que había afuera era fresco y el agua realmente se mete por todos los rincones compitiendo con trozos de tierra de todos los tamaños; hay miles de flores (no solo tulipanes) que están sembradas por todas partes y simulan las olas del mar en muchos colores; que en nuestro pueblo hay ovejas, cabras, caballos en granjas incrustadas entre las casas; en los canales viven patos, cisnes, gaviotas y garzas;  y si uno mira las partes donde hay arena en vez de tierra, entiende porque este país está hecho ganándole una batalla con el mar: se ven conchitas y caracoles.

Conozco muy poco, la verdad; este es un país pequeño, pero tiene cualidades que lo hacen inmenso.

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