Como el clima mejoró muchísimo, esta semana empezamos a ir a Amsterdam solos, sin H, por nuestra cuenta. Desde la primera vez que fuimos supimos que nos encantaba y ya hemos aprendido muchas cosas sobre la ciudad; vamos en bus 20 minutos a una estación grande porque desde el pueblito no es posible ir directamente, y allá cogemos tren por 20 minutos más. Al llegar, desde la estación central de Amsterdam se ven los ríos de turistas: es el destino más visitado de Holanda; lo tiene bien merecido porque es de una belleza y una disposición urbana increíble, pero hay también temas alternos como la famosa zona roja (que en mi opinión, lo único que da es pesar, de lo decadente que es en pleno siglo XXI ) y la marihuana legal que se convierten en un atractivo adicional para otros que no están en el plan nuestro.


Al llegar a Amsterdam el lunes, caminamos hasta el zoológico por una hora, en parte por conocer más a pie y en parte por desconocer las rutas del tranvía. En el centro, hacia ese lado de la ciudad es inevitable pasar por la zona roja, que no es algo sórdido ni tan intimidante como yo me imaginaba. Hay una serie de vitrinas de metro cuadrado con una cortina que la señora (no vi una sola de menos de 45) corre de tanto en tanto y mira hacia afuera a ver quien pasa. Están en medio de edificios, bares, donde uno menos lo espera. Yo, que no le veo misterio a la forma en que se les dicen las cosas a los niños, les expliqué que esas señoras se ponían en esas diminutas vitrinas en ropa interior para que las vieran y le dieran plata. Mis hijos, que son tan tranquilos para recibir la información, ni se interesaron por el tema y prefirieron mirar los canales, los edificios y seguir su camino. El zoológico es maravilloso, toda una manzana llena de animales, buenas cafeterías, vivarios, salas, acuarios, afiches con información en inglés y muy buen ambiente familiar. Regresamos a la estación en tranvía, muy pinchados porque aprendimos donde cogerlo y el número indicado.

Al segundo día fuimos al museo de Van Gogh, en tranvía, que es delicioso porque va despacio y uno va viendo, sin tener que caminar distancias tan largas. La plaza donde está el museo se llama Museumplein y es enorme, con varios museos: Van Gogh, Moco, Stedelijk y Rijkmuseum que es el más grande de Holanda. Entrar al museo de Van Gogh fue muy bonito pues yo le tengo un cariño especial a ese pintor que descubrí en mi adolescencia y los niños mostraban mucha curiosidad por él (el dato de la cortad de oreja ayuda :). Estuvieron muy hermosos, con sus audífonos de la audio guía mirando los cuadros y oyendo la información, revoloteando por todas las salas y acosándome para que yo viera lo que ya ellos habían visto.